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Entorno macroeconómico y sectorial

Durante 2011, la economía española ha continuado en una situación de débil crecimiento. Esto ha sido el reflejo de ciertos factores, que, a lo largo del año, han ido modulando el grado de avance de la recuperación. Por una parte, la economía española sigue inmersa en un ambicioso plan de consolidación fiscal que ha conseguido una reducción del déficit muy destacable: en 2011 se ha situado en el entorno del 8,2%, desde el 11,1% alcanzado en 2009. Esta trayectoria no ha evitado que a lo largo del ejercicio se hayan vivido momentos de gran tensión en los mercados de deuda pública. En cierta medida, la deuda pública española se ha visto presionada por un fenómeno de contagio, tras la incertidumbre vivida a cuenta de la aprobación del segundo plan de rescate de Grecia y, en especial, como consecuencia de la crisis política que arrastró a Italia tras el fracaso de los planes de consolidación fiscal y de las reformas que presentó el entonces gobierno italiano. Sólo en la parte final del año, los rendimientos de la deuda pública española han descendido, principalmente, como resultado de intervenciones puntuales del BCE.

Además, la economía española se ha visto lastrada por el pobre rendimiento de un mercado laboral disfuncional y por el propio proceso de ajuste del sector inmobiliario, que durante 2011 ha acelerado su caída en términos de actividad debido, entre otras razones, a la incertidumbre procedente de las tensiones en los mercados financieros. Con todo, el crecimiento en el ejercicio se ha situado en el 0,7%. Sin embargo, algunos de los ajustes continúan a buen ritmo. Las necesidades de financiación de la economía española siguen reduciéndose, mientras que se están produciendo aumentos muy significativos de competitividad que se han traducido en elevados incrementos de las exportaciones.

En este contexto, las entidades financieras españolas han desarrollado su actividad comercial en un entorno de necesario y positivo desapalancamiento crediticio, de tensiones de liquidez en los mercados de financiación mayorista, de presión sobre los costes del pasivo y de deterioro de la calidad de los activos. Adicionalmente, el sector financiero español ha estado inmerso en un proceso de restructuración cuyos avances más significativos han sido las salidas a bolsa de Bankia, Caixabank o Banca Cívica, el anuncio de fusiones entre bancos de tamaño mediano (como Popular y Pastor), las intervenciones de algunas cajas de ahorro y la mayor reducción de oficinas efectuada en el sector después de iniciada la crisis (–2.504 en los nueve primeros meses, último dato conocido).

En el marco de las crecientes tensiones de liquidez, las redes comerciales de la banca española han continuado focalizadas en la captación de recursos estables. En este sentido, sobresale en el último trimestre la colocación de pagarés entre particulares y empresas (más de 40.000 millones de euros). En cuanto a la inversión crediticia, la financiación a hogares presenta un descenso del 2,75% (dato a diciembre de 2011) desde diciembre de 2010, al bajar las facturaciones del crédito hipotecario comprador en un 46,4% y las de la financiación para el consumo en un 41,3%. Más acusado se muestra el desapalancamiento en el colectivo de empresas, que se eleva hasta el 6,0% en el mismo horizonte temporal. En el conjunto del año, el volumen de crédito de la banca española se ha visto reducido en 68.414 millones de euros. En cuanto a la demanda de productos de pasivo, se ha focalizado en los depósitos y en las nuevas modalidades conservadoras, como los pagarés, que han concentrado la práctica totalidad de la captación de recursos, sobre todo en el cuarto trimestre.

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